Desventuras citoplasmáticas en un mundo lleno de sinapsis

17 agosto 2006

la despedida III

De nuevo se van los mejores. Otra vez de cena y copas para la despedida de una compañera, la cual ha encontrado un trabajo mucho mejor. De la velada descubrí una expresión que una compañera hizo:

“El hombre gamba: aquel que le quitas la cabeza y te lo comes todo.”

Pues bien, me gustó dicha definición porque quizá es lo que quiero ser y a lo más que puedo aspirar. Por tanto no me queda otra que apuntarme al gimnasio y sudar la camiseta, de lo cual tengo ganas, lástima que aún no es posible; quizá dentro de un año.

11 agosto 2006

los piratas

Ayer la Princesa Romy, una compañera del trabajo, me dijo que si quería ir al cine, ya que por un embrollo que no viene a cuento tenía cinco entradas y una de ellas era de más. Mientras mi yo interior decía: “Sí claro, como no, con las ganas que tengo de ir al cine. Si hace por lo menos un año que no voy.” Yo le respondí: “Bueno, sí... te lo diré mañana.” Ese mañana era el día del cine. Me dijo que además de su marido, a quien ya conocía, iría una amiga suya con el novio y que vivían en la misma ciudad que yo.

¿Por qué no estaba seguro de ir? Porque el cine está en un lugar perdido, sin transportes a esa hora de la noche y porque no tengo coche, con lo cual no podía regresar a mi casa sin tener que molestar a alguien para que me llevara. Además pensé qué pintaba yo con dos parejitas.

Pues bien, fui. Me pareció muy bonito que la Princesa Romy se acordara de mí y que si me dijo que fuera no era por cumplir. Además como su amiga vivía en la misma ciudad que yo, me acercaría sin molestias. Pero más que la molestia, lo que a mi me quitaba las ganas de ir era la dependencia que a mis veintimuchos años tenía que tener de los demás en este caso. Lo siento no me gusta conducir y por eso no tengo carné (bueno... y por factores económicos, que si no ya me veía yo con un 206cc o un Tigra twin top).

Pero la cosa no quedó ahí. Resulta que me dejé la tarjeta de crédito y no llevaba dinero encima. Así que si sentía ya cierto complejo de dependencia, imaginaros la sensación al pensar que además la Princesa Romy debía pagarme todo lo que tomáramos antes del cine, teniendo en cuenta que debíamos cenar.

Después de todo me alegro de la decisión que tomé. Me lo pasé genial con la Princesa Romy y su marido; su amiga era muy maja; y la tropa del Capitán Sparrow... tremenda.