Desventuras citoplasmáticas en un mundo lleno de sinapsis

26 julio 2006

la despedida

En el anterior post finalicé diciendo que hablaría sobre Náyade. No quería hablar mucho de ella, pero las circunstancias de estos días han hecho que algo tenga que escribir.

Náyade fue una compañera de trabajo en mi segunda plaza en la Eyes Cat Industry. Lamentablemente me enamoré de ella. Siento tener que emplear la palabra “lamentablemente”, pero la peculiar relación que tuvimos como compañeros y la relación que no tenemos ahora me hacen expresarlo así. Enamorarse es casi involuntario, sin embargo la vida me ha enseñado a desenamorarme para no sufrir por amor y así me ocurrió con Náyade, pero a pesar de todo no fue suficiente para ella y sufrí como nunca, por una amistad que en realidad no sé si existió por su parte.

Pocos días después de la boda de Antonella y las revelaciones de la pitonisa, recibí una llamada de Mandarina para decirme que se marchaba a vivir a la Costa del Sol. Mandarina fue también compañera mía junto con Náyade, y quien ésta última se traslado hace ya tiempo a la Costa del Sol.

Quedé con Mandarina, un cielo de mujer, para despedirme de ella y porque la quiero un montón, pero sea dicho de paso, lo tengo que admitir, también para sacar información sobre Náyade. Pasaba ya algo más de año y medio desde que nos dejamos de escribir Náyade y yo y quería un poco de luz sobre los motivos del fin de esta etérea relación. Mandarina me sorprendió con sus respuestas.

En primer lugar Mandarina no sabía nada de este tema mío con Náyade. Yo pensaba que algo sabría, ellas se llevaban muy bien.

En segundo lugar, me dijo que Náyade ya no la llamaba últimamente. Hecho que me arropó y que corrobora la actitud que mantiene Náyade con otras personas, tanto de su etapa anterior como de su reciente etapa en la Costa del Sol.

En tercer lugar me hizo saber que mientras coincidimos en la Eyes Cat Industry la opinión que tenía Náyade de mí no era muy buena, es decir, que le caía mal. Lo cual terminó de convencerme sobre la actitud bipolar de Náyade. No olvidaré cuando Náyade, a propósito de una conversación sobre compañerismo, me dijo que yo le caía cada vez mejor. Por no hablar de detalles muy bonitos que no se tienen con una persona que te cae mal. Eso era una parte, luego estaba la indiferencia.

Y en cuarto lugar me advirtió de la posibilidad de que una tercera, en la que yo confié, hubiera metido baza no con buenas intenciones, pues Mandarina era buena conocedora de que ya lo había hecho en otras ocasiones.

En fin, que la conclusión que saco de mi velada con Mandarina es que he perdido cierta inocencia respecto a los intereses maquiavélicos que puedan tener las personas.

Mandarina, espero verte pronto y que podamos dar un paseo por la playa. No olvido esta despedida: verano, de madrugada, por las calles de Madrid y escuchando a Amaral. Un beso y cuídate.

PD: Lo siento Mandarina, pero cuando nos veamos te volveré a preguntar por Náyade. ¿Habéis retomado la relación ahora que estáis las dos en la Costa del Sol?